Una procesión satánica

Crónica por: Felipe A. García 

Maridaje recomendado: Whisky

 

En el año 2012, se realizaron un total de 19 conciertos de metal en El Salvador. Este número convirtió al país en el segundo de la región centroamericana con mayor escena metalera. Misma que, en 2016, hizo historia con la presentación de la banda británica Iron Maiden. La siguiente es una crónica de un concierto cualquiera de metal en El Salvador.  

AQUELARRE

  — Viejo… ¿ya tocó la banda? —Pregunta un chico de baja estatura que, para no caerse, se sostiene de mi hombro. Viste de negro, así como todos en este lugar. Su rostro está maquillado del mismo modo que el vocalista de la banda. Su voz carrasposa y su aliento revelan que lleva mucho de estar bebiendo, ya ni recuerda que estaba haciendo fila para entrar al concierto.

— ¡No, viejito! Aún no ha tocado. — Se adelanta en responder un hombre robusto, también vestido de negro, que lleva aproximadamente dos horas haciendo fila. Él, al igual que todos los presentes, espera el momento en que la policía abra las puertas del Centro Internacional de Ferias y Convenciones de El Salvador (CIFCO).

— ¿Me podés avisar cuando comience el toque? — insiste el tipo mientras saca del bolsillo de su pantalón la entrada del concierto hecha un puño.

— ¡Si, viejito! Nosotros te vamos a avisar, pero andá a sentate

Oscar y Jorge, metaleros de corazón, aseguran que después de Costa Rica, El Salvador tiene la mejor escena metalera de Centroamérica. En el país se han presentado bandas de toda Europa. Bandas de distintas derivaciones del Metal. Desde el clásico Heavy Metal, hasta el oscuro Black Metal.

El lugar, en su mayoría de veces, es el CIFCO. Es por eso que, cada vez que hay un concierto en los alrededores del Centro Internacional de Ferias y Convenciones, es normal que los transeúntes volteen a ver aquella fila de hombres vestidos de negro, bebiendo cerveza en la vía pública y gritando el nombre de Satanás a todo pulmón, mientras esperan ingresar al local.

« Vaya, la carne asada, hijo lindo. Tenemos tortas»

«Camisas de la gira, discos, posters, cruces invertidas»

«Agua, cerveza, cerveza con marihuana…» 

Se escucha decir a los vendedores informales. Son los mismos vendedores que están en un partido de la Selecta o en un concierto de Arjona. Pero en esta ocasión han tenido que cambiar sus productos. Y es que en un concierto de pop, lo normal es que vendan los discos, las fotos del artista y las camisas. También es normal que vendan cerveza. Pero para un concierto de Metal, hay que saber incluir otros productos más llamativos. Pentagramas, cruces invertidas y mucha (mucha) cerveza.

Ante esta premisa, es normal que aquellos que no son seguidores del género se imaginen estos conciertos como un verdadero caos. Pero la verdad es que, una vez adentro, las cosas no son como se las imaginan.

“En estos conciertos no hay mucho peligro, más que lo normal por entrar bolos.” Explica Mauricio Rodríguez, miembro de la Cruz Verde Salvadoreña. “No entran en sus cinco sentidos. Por ejemplo: de mil muchachos que puedan estar aquí, solo diez no beben.”

EL CONCIERTO POSEÍDO

Fue una noche de noviembre del 2004 cuando en el ex cine Variedades, durante la presentación de la banda de Black Metal, Gorgoroth; los asistentes tuvieron que salir del recinto porque alguien había tirado gas pimienta. Hasta la fecha no se sabe si fue la policía o alguien del público quien lo tiró. Aunque según Ana Haydeé Alberto de Lara, Coordinadora de la Unidad de Espectáculos Internacionales en el 2012, en el reporte de la policía se asegura que la culpa fue del público.

En el intento por salir hubo golpeados, mujeres que vomitaron, otras que se desmayaron. Tuvieron que ser socorridas por los mismos Metaleros que intentaban salir del local. El concierto se tuvo que cancelar a cincuenta minutos de haber comenzado. El mismo vocalista de la banda tuvo que abandonar el escenario tapándose la nariz  por culpa del gas.

“Fue en el tiempo en que el gobierno de Francisco Flores intentó censurar un concierto de la banda Molotov —banda que no pertenece al género Metal—. Había toda una propaganda en contra de ellos y los conciertos de rock. Decían que eran violentos y hasta me acuerdo que salió Flores asegurando que nunca más volvería a haber un show de ese tipo en el país. Sin embargo, la censura que intentaron aplicarle a Molotov solo sirvió como publicidad. Al final tuvo que acceder a que se realizara el concierto porque se dio cuenta que la censura, lo único que conseguía, era que la gente tuviera más ganas de verlos. El día del concierto de Gorgoroth, todo lo que se dijo de que los conciertos son violentos, lo único que consiguió fue que los policías estuvieran a la defensiva. Creo que ellos tenían más miedo que nosotros. Es por eso que una vez iniciado el evento, en su intento de controlarnos, se tuvo que recurrir a la violencia.” Asegura Paolo Zanoni, periodista y asistente al concierto.

HEY VIEJO, LA FOTO

Son las 7:00 de la noche y las puertas del CIFCO aún no han sido abiertas.

« Por la gran Puta, a qué horas van a abrir esta mierda»

«Abran culeros, la vieja puta de la carne asada me está asfixiando»

«Christofer Johnsson es culeeero…» 

Cuando ya están cansados de esperar, todos sus conocidos se vuelven culeros. Comienzan a gritar desde la fila, sin intención de causar daño alguno, que todos son culeros. Desde Justin Bieber, pasando por los organizadores del toque, algún compañero Metalero y, cuando ya no soportan ni un minuto más afuera, continúan hasta con los miembros de la banda. Ellos no son como los fans de cualquier otro género que, a pesar de haber tenido una mala experiencia en el evento seguirán siendo fieles a su ídolo. Si el concierto estaba programado a las siete, y a esa hora aún no han abierto, pues entonces son culeeeros….

Son en esos momentos de desesperación en los que se puede socializar. Aunque no conozcas a nadie, de un instante a otro puedes estar hablando de metal con alguien de la fila.

— Hey viejo, ¿tenés fuego?

El tipo que se ha acercado por fuego al grupo de Oscar y Jorge proviene de Honduras, se llama Ricardo y afirma que allá no llega nada interesante. “De Arjona no pasamos” dice después de contarnos que él, acompañado de sus amigos Julio y Raquel —pareja de novios— han tomado un paquete turístico solo por el toque. Los tres cargan una botella de cerveza Pílsener y están ansiosos por entrar.

“A mí me gusta el Metal desde siempre. Nací con la pacha y el Metal” Asegura Ricardo de treinta y cinco años. “Si no me creen, pregúntenme lo que quieran”. Se pone a prueba con el grupo.

—¿Cuál es la Santísima Trinidad del Heavy Metal? — pregunta Jorge.

— Iron Maiden, Judas Priest y Black Sabbath…

Han pasado veinte minutos desde que se conocieron y ya tienen la confianza  para hacerse bromas.

Ricardo observa a Jorge, quien viste una camisa de la banda de Power Metal alemán, Helloween; un saco, jeans y unos zapatos All-Stars. Como ya se tratan como camaradas, le dice:

— Me llega tu look. Hace poco estaba viendo en un canal de allá en Honduras, un concierto de Justin Timberlake en donde vestía igual. ¡Te lo juro!

El comentario es un golpe bajo contra Jorge, pero éste sabe cómo contraatacar:

— ¿Y qué putas hacés vos viendo un concierto de Justin Timberlake? ¡Qué culeeero! grita el resto del grupo.

Las puertas del CIFCO se abren. La fila comienza a avanzar. Hoy no será de esos conciertos en los que golpean las puertas del local por el retraso.

— ¡Puta, ya vamos a entrar! —Exclama Ricardo—. Y yo me estoy miando.

— Al fondo está el baño.— le explica Oscar al mismo tiempo que señala con su dedo al otro lado de la calle.

Ricardo se cruza la calle transitada y llega al otro extremo. Ahí baja la bragueta de su pantalón y se pone a orinar contra el muro de la calle. Aquel muro es el baño improvisado de los Metaleros en cada uno de sus toques.

Faltan pocos minutos para que entren, cada grupo tiene una localidad distinta para el concierto. Una vez crucen las puertas del CIFCO, el grupo se separará.

— Hey viejito — dice Ricardo —, la foto. ¡La foto para recordar este día!

Raquel saca de su cartera una cámara fotográfica que pretende meter a escondidas. Con ella, inmortalizará el momento. A pesar de haberse simpatizado, es muy probable que no vuelvan a verse.

Es entonces cuando ambos grupos posan para la foto con la tradicional señal del metal: un puño con los dedos índice y meñique extendidos. No hay Metalero que no haga esa seña. Mejor dicho, no hay Metalero que no le guste tomarse una foto.

METAL: AMOR Y PAZ

— ¿Son peligrosos los conciertos de Metal?

— No. — afirma Meybell María Torres, Directora de Espectáculos Públicos del Ministerio de Gobernación de El Salvador en el 2012. Ella, acompañada de la licenciada Ana Haydeé Alberto de  Lara —Coordinadora de la Unidad de Espectáculos Internacionales— comparten sus experiencias en la materia. — Nosotras hasta queríamos ir a ver a Therion este año, lástima que se canceló.

Meybell y Ana son las encargadas de autorizar los conciertos que se realizan en el país. Previo a cualquier evento, la Dirección de Espectáculos Públicos debe investigar sobre la banda, así como reunirse con los organizadores y el cuerpo de seguridad para dejar claras las condiciones del recital. Uno de los principales objetivos de la dirección, es que durante el evento no se violenten los derechos de adolescentes ni de la mujer salvadoreña.

— Se ha tenido que educar al público. Hemos tenido que reforzar medidas de seguridad, así como escuchar diferentes propuestas de los organizadores para que no se de ningún tipo de incidente, además de no violentar los derechos del público- — Asegura Meybell Torres.

Ana Haydeé, por otro lado, comenta: “Una de las mejores relaciones que tenemos son con los Metaleros. Son personas muy cariñosas, es un estigma lo que se ha creado sobre ellos”.

— Cuando me toca supervisar un concierto de Metal, me siento tranquila. Ya hasta me he sentado en el suelo con ellos. Me siento protegida por ellos. “Son divinos“.  Me gusta hasta molestarlos diciéndoles que si por mí fuera, solo conciertos cristianos aceptaría, pero lo digo solo por molestarlos.

— Entonces… ¿No hay algún concierto que consideren peligroso?

— Los de Punk y Regué. Es que en los Punk, los muchachos llegan con la idea de que entre más alboroto causen, será mejor el concierto. Y en los de Regué llegan afirmando que tienen derecho de entrar a los conciertos gratis. En los de Metal, el único género que nos causa algún problemita es el Black Metal. Pero es algo mínimo.

REGISTRANDO A LOS REOS

Cuando las puertas se abren, los oficiales deben de poner orden. Hay quienes están tan ebrios que no pueden hacer la fila.

En esta ocasión todos obedecen con tranquilidad. Pero Oscar recuerda un concierto en el que dos jóvenes adultos —30 años, quizás—, por estar mareados no obedecían las órdenes del oficial. “Para todo hay maneras. Yo creo que si hemos pagado un boleto es porque esperamos disfrutar y a la vez que nos traten bien”, opina Oscar. Los dos señores no hacían caso. Fue cuando el oficial que pedía orden tuvo que sacar su macana y pegarles.

La fila avanza lento. Todos quieren entrar de un solo. En un concierto de metal no hay sillas numeradas, por lo que cualquiera que pague el precio de la localidad más cara tiene la oportunidad de estar frente a la tarima.

— ¿Qué es esto? — Le pregunta un policía a Jorge.

— Pues la hebilla de un cincho.

— No puede entrar con esto. Puede golpear a alguien con ella.

— Pero se me caen los pantalones.

— No puede entrar con eso. Ya bolos ustedes se ponen a golpear — exclama el agente de seguridad—. Vaya a tirarlo al basurero y no intente recuperarlo, desde aquí lo estaré vigilando.

Los registros policiales que hacen antes de ingresar al concierto pueden ser lo más incómodo de todo el evento. Cada quien está a la defensiva por lo que le quieren decomisar. Cuando un policía te dice que no lo puede dejar entrar, pues ni modo. Lo perderás.

Puta —exclama Jorge—, estos cerotes nos tratan como si fuéramos reos.

¿BLACK-MELODIC-SIMPHONIC-POWER-METAL? 

Si es la primera vez que vas a un concierto de Metal, no te recomiendo que vayás a uno de Black Metal. Ahí sí te vas a freakear. — Afirma Oscar — Pero uno de Heavy Metal como Rata Blanca, que son más balada que otra cosa, o uno sinfónico, son una buena opción si es tu primera vez.

Resulta que no todos los conciertos de Metal son iguales. No es lo mismo ir a uno de Rata Blanca — Heavy Metal— que a uno de Dimmu Borgir —Black Metal—.

Los primeros son conciertos más tranquilos. “La mara llega a tomar, cantar y si a caso hacer el mosh. En cambio en uno de Black Metal, por el show oscuro que traen — maquillajes, juegos con sangre o animales sacrificados — la gente se emociona y por la misma euforia es que a veces causan algún alboroto. Algún golpe o rasguño, nada más.” Comenta Oscar. Luego se pone a reír, recuerda una anécdota para el concierto de Dimmu Borgir en el 2012.

“El concierto comenzó a las doce de la noche. Yo estaba como cuervo, asechando cualquier descuido de la policía para poder meterme al área VIP, cuando las luces se apagaron. Todos nosotros —por el alcohol— parecíamos poseídos por el mismo diablo. Luego salió Dimmu cantando con esa voz gutural y en una pose toda macabra,  que recuerdo a un policía decir: ¡esta onda es satánica! y abandonó a sus compañeros y el concierto. Yo no sé de qué creencia religiosa era, pero yo aproveché esa oportunidad para colarme de localidad.”

— ¿Podrías imaginarte un concierto sin cerveza? — le pregunto a Oscar.

— Para nada, viejo. La cerveza le da el toque especial.

Ya han ingresado y el concierto aún no ha comenzado. A pesar que hay quienes se quejan de la hora, todos saben que es normal que un concierto comience tarde. Hay bandas que, como parte del show, salen a tocar hasta las doce de la noche.

Mientras tanto, hay que seguir bebiendo. Hablando con los nuevos amigos, y apreciando el espectáculo gratuito de algunos jóvenes que no resisten más y terminan por vomitar todo el alcohol que bebieron.

Finalmente las luces se apagan. La banda comienza a tocar. Todos querrán hacer lo imposible por estar en primera fila para oír mejor el concierto.

El dolor de cuello será opcional. Hay que ser habilidosos para poder meterse entre tantas personas que desean acercarse al escenario lo más que se pueda. Hay que levantar las manos y dar de codazos para hacerse espacio entre el público. En el camino podrás recibir más de algún golpe por alguien que intenta hacer lo mismo. Una vez estés en primera fila, di lo que todos dicen al llegar hasta ahí: “De aquí nadie me mueve”.

***

El concierto ha terminado y todos buscan la salida. Hay quienes se sientan en el suelo con sus amigos para comentar el gran espectáculo que acaban de vivir. Otros esperan a terminarse su cerveza antes de partir. No hay que olvidarnos de aquellos que, para nunca olvidar tan espectacular show, están buscando a alguien que les tome una fotografía.

Es una gran fila de hombres de negro la que camina a la par del CIFCO, frente a la calle Manuel Enrique Araujo, buscando el estacionamiento. Todos caminan a paso lento, aún extasiados y algunos mareados por el alcohol. Es entonces cuando se escucha decir a alguien con la voz pastosa:

Puuuu, parece procesión satánica esta mierda.

Publicación original: 

28 de noviembre del 2012

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