Etiqueta: El Salvador

Sopa de letras

Maridaje recomendado: Chocolate con leche

Por: Jorge Mercado*

A Felipe

Me tomó por sorpresa porque mi hijo siempre había sido un niño sano. Nunca nos dio ningún problema a mi esposa ni a mí, ni siquiera en los primeros meses de vida. Tampoco era de los que despertaban llorando a la media noche, como suelen hacer esos bebés que terminan por hartar a todo el mundo y que desde entonces comienzan a sembrar ese rencor que hace que sus padres, como venganza, les den  patadas en el culo a medida van creciendo. Mi hijo, en cambio, despertaba de madrugada y carcajeándose. Eran tan hilarantes las risotadas que pegaba que nosotros en vez de enfadarnos terminábamos uniéndonos al jolgorio. Continue reading “Sopa de letras”

De sangre

Maridaje recomendado: Whisky

Por: Felipe A. García*

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Mamá me dijo que mi tata murió antes de que yo naciera. Que una tarde, dos mareros se subieron a robar en el bus en que viajaba. Cuando le exigieron que les entregara el dinero que traía, se negó. Se olvidó de esa regla que dice que siempre hay que darle a los pandilleros lo que pidan, sin pensarlo, pues la vida vale más que cualquier cosa que ellos quieran. Intentaron arrebatarle la plata y, cuando se cansaron de forcejear, le dispararon en la cabeza. Continue reading “De sangre”

Por donde caminan los ciegos

Maridaje recomendado: Líquido -acuoso y amarillento- secretado por los riñones que se libera a través del proceso de micción

Por: Jorge Mercado*

El mendigo doblaba la esquina cuando se le cayó el único pedazo de músculo que recubría su fémur. Se ha inclinado a recogerlo y lo ha ajustado de nuevo a su hueso. Lleva una semana tratando de encontrarse entre la basura. Este día no ha tenido mucha suerte, ya comenzaba a considerar dejarlo para mañana hasta que advirtió, en una ventana al otro lado de la calle, en la esquina que acaba de doblar, tendido en un alambre junto a ropa interior de mujer, su intestino delgado. Se siente tranquilizado. La gente ya comenzaba a dirigirle miradas de reprobación por andar en su estómago abierto nada más el intestino grueso, que lo encontró hace tres días en un puente de la ciudad. Continue reading “Por donde caminan los ciegos”

Inquilino

Maridaje recomendado: Ron

Por: Balmore Azúcar*

Ilustración: Luis Serrano

La voz surgió del silencio. Y si no, de dónde, o por qué o cómo”, se preguntaba. Intentó evadirla cambiando de apartamentos, pero no le funcionó. No aún, o sí. Desconozco su paradero. Supe de él por última vez cuando me llamó desde Renderos, ese edificio baratón, pero decente. Como si tal cosa fuese posible en esta ciudad. En todo ese tiempo la voz lo desquició. No era cualquier voz, sino una de demonio de los que abundan por todas partes. Si no le pregunté s fue por mi mala suerte; no vaya a ser que yo también encuentre a uno o uno de esos me encuentre a mí. Continue reading “Inquilino”

Hilos

Maridaje recomendado:  Café

Por: Kelly Iraheta*

Foto de portada: Premonición (1953), Remedios Varo (1908 – 1963)

“Que todos provenimos de una rueca, todos somos hilos que se enrollan en la vida de alguien más”, vaya tontera. Las abuelas dicen cualquier cosa para que una se sienta confortada en esta vida miserable. No le creí entonces, no le creí… hasta ayer. Vivía con mi abuela porque ya estaba harta de la ciudad y de la gente con sus sacos negros, sus prisas y sus maletines atascados de papeles y frustraciones. La ciudad me empujó lejos. Continue reading “Hilos”

Literatura salvadoreña: un ambiente desolador

Maridaje recomendado: Café 

Por: Luis Contreras*

¿Cómo empezó su gusto por la literatura?

Empecé a escribir de pequeña, desde los 11 años. No recuerdo exactamente por qué. Tal vez era el ambiente, que era muy opresivo, aislado, apartado. Vivía en los Planes de Renderos. Para entonces ahí era el puro monte. No había vecinos, no había gente. Éramos una familia muy pequeña, no socializábamos mucho, no tenía hermanos menores ni mayores. Entonces cada día era de preguntarme qué haré. En ese tiempo, mi papá y mi tío me regalaban libros, aunque no supiera leer. Y aunque sea los hojeaba. Si los libros tenían ilustraciones lo que hacía era imaginarme la historia. Cada vez que abría de nuevo el libro eran historias diferentes. Lo gracioso fue que cuando ya aprendí a leer y leí las historias verdaderas, me gustaron más las mías. Poco tiempo después supongo que decidí que yo también podía hacer lo mismo, escribir historias. No se las enseñaba a nadie, eran sólo para mí. Y empezó el ejercicio de querer hacerlo, así como de leer más y de rescatar la idea de poder ser escritora. Continue reading “Literatura salvadoreña: un ambiente desolador”