Daniel Hernández-Salazar: “El arte es una forma de expresar y provocar cambios”

Entre el 7 al 21 de septiembre del 2018, en las instalaciones del Museo Nacional de Antropología (MUNA), se expondrá la muestra “San Salvador se re(v)bela” del fotógrafo guatemalteco Daniel Hernández-Salazar. Revista Café irlandés tuvo la oportunidad de conversar con el autor de esta exposición sobre el proyecto. 

Maridaje recomendado: Café

Por: Felipe A. García 

Fotos cortesía: Daniel Hernández-Salazar*

Antes de comenzar a hablar sobre el proyecto San Salvador se re(v)bela, me gustaría hablar un poco sobre el oficio de la fotografía. Usted es un fotógrafo con más de 30 años de experiencia, por lo que vivió esa transición entre la fotografía tradicional a la digital. Hoy en día, que cualquiera con un celular o una cámara semi profesional se hace llamar fotógrafo, podría decirnos, según su experiencia, ¿en qué momento es cuando alguien con una cámara puede llamarse fotógrafo? 

Para mí es la intención y el compromiso con que lo hace. En mi caso, la intención al hacer imágenes es expresarme, sacar lo que tengo adentro, documentar hechos importantes de la realidad de mi país y tocar temas claves en las preocupaciones de la sociedad. Debe haber un compromiso, algo de corazón y conciencia que mueva a la persona a capturar imágenes. A través de esa captura, documentar, preservar y denunciar cosas. Yo siento que en la intención y en el compromiso es donde se mide si una persona realmente es fotógrafa o no. 

¿Cómo se cuenta una historia o se manda un mensaje a través de la fotografía? ¿Se puede hacer con una única foto o es necesaria toda una galería de fotos para lograrlo?  

Depende. Se puede hacer un ensayo fotográfico: una serie de seis, diez imágenes con las cuales uno va a contar una historia de una manera más completa, cubriendo más ángulos de la misma historia. Pero a veces hay imágenes que hablan por sí solas. Con una sola imagen usted puede contar una historia. A mí me ha pasado eso. Tengo algunas imágenes que yo considero que cumplen con los requisitos que debe tener una imagen, que es que sea representativa de lo que está mostrando, pero que al mismo tiempo tenga una equivalencia en intencionalidad, importancia y profundidad con el hecho que está mostrando. Si la imagen no tiene una equivalencia ni un respeto, o las ganas de poner en valor y perspectiva lo que está representando, la imagen no sirve o no funciona igual. Yo busco eso y además busco el lado estético o compositivo que debe estar para que la imagen sea completa. Volviendo a su pregunta si es suficiente una imagen: a veces sí. Pero obviamente cuando uno está tratando de contar la historia de un pueblo, por ejemplo, o en mi caso que estoy haciendo este trabajo de que la gente utilice su cuerpo como un instrumento de comunicación, básicamente estoy trabajando con dos imágenes por persona. El peso del mensaje se logra cuando se tiene la colectividad que implica un grupo social. Yo creo que cuando una imagen está sola es porque surgió sola. Pero cuando se trabaja un ensayo fotográfico es porque detrás hubo una planificación.   

En su trayectoria como fotógrafo, ha trabajado con la fotografía periodística y ahora la artística. ¿Es difícil hacer la transición entre una y otra o puede la fotografía periodística convertirse en artística?

Yo creo que sí a eso último que acaba de decir. En mi caso yo empecé en la fotografía por un gusto personal. Al principio fue como un hobby cuando era niño, pero me di cuenta que para mí era muy importante capturar imágenes y estar dialogando con la realidad a través de ellas. En mi caso la fotografía artística o de expresión personal vino primero. Luego, por mi interés en documentar lo que sucedía en el momento en Guatemala y dejar testimonios visuales, me acerqué al fotoreportaje. En un momento dado yo tenía imágenes de lo que estaba pasando en la calle durante la represión y el conflicto armado interno. Entré en contacto con medios, periódicos y agencias de prensa, hasta que me involucré y comencé a trabajar en eso. Pero como siempre tuve en la mente la necesidad de expresarme, además de la conciencia de la importancia de documentar, entonces logré de alguna manera mezclar las dos cosas: la búsqueda de la autenticidad, de documentación, de testimoniar hechos, por el lado de la fotografía periodística; con la necesidad de expresión y la estética de la construcción de una imagen artística. Así fue cuando encontré un camino en el cual creo que he logrado combinar las dos. En mi trabajo de memoria histórica lo dice. Y en este caso, en mi serie “Se re(v)bela“, pues espero combinarlo bien. Porque estoy utilizando la fotografía como tal, digamos el retrato, pero con una búsqueda de una connotación diferente en el sentido de que sirva para oponerse, criticar o cambiar cuestiones con las cuales los individuos no estamos de acuerdo con la sociedad porque las consideramos injustas, racistas, violentas o excluyentes. Entonces, en este caso de la serie “Se re(v)bela“, hay una buena combinación entre la fotografía pura, retrato, fotografía de cuerpo, estética, pero al mismo tiempo un instrumento de incidencia social tanto por mi parte como autor, como por parte de las personas que participan. Para mí es muy importante que las personas que participaron lleguen a la inauguración. No solo porque me dará gusto que estén ahí, sino porque creo que en ese momento se va a cerrar el círculo de la revelación de ellos mismos, y se va a convertir en rebelión porque van a asumir su acto, su performance, frente a la sociedad en la que viven. 

¿Cómo fue la experiencia con los modelos del proyecto? Entiendo que todos llegaban por voluntad, ¿pero cómo era ese momento exacto en que tenían que desnudarse frente a la cámara?             

Afortunadamente las explicaciones que yo di a través del evento de Facebook y de  los medios de prensa que me colaboraron, fueron lo suficientemente claras y lograron convencer a este grupo de personas. Se entendió bien de lo que se trataba y se decidieron. Sólo una persona tuvo dudas y resistencias. Al final yo excluí su retrato de la serie porque (esa persona) tenía muchos temores. Es la primera vez que me pasa en este proyecto. Pero en general todos y todas llegaron decididos y claros. Yo agradezco mucho su entrega al proyecto. Siento una responsabilidad enorme con ellos. No hubo ningún problema. Ellos llegaron, posaron para la primera fotografía y sabían perfectamente que para la siguiente debían quitarse la ropa. Ellos inmediatamente se desnudaban sin ningún problema o duda. Ya había habido un trabajo, una concientización dentro de ellos que les generó un cambio. Eso es justo lo que busco: representar en los dos retratos  ese cambio entre el antes y después de quitarse la ropa. Siento que ahí la persona atraviesa un umbral en su vida. 

Guatemala se re(v)bela fue un proyecto que surgió como respuesta a las manifestaciones populares en contra de la corrupción en Guatemala. El Salvador, como país vecino, tiene rasgos históricos, culturales y sociales en común. Aquí la corrupción también es parte de nuestra realidad, ¿Tiene San Salvador se re(v)bela la misma intencionalidad y mensaje que el proyecto original o cambió esa intención por ser un país diferente? 

La intención es muy parecida. Como lo acaba de decir, las problemáticas de nuestros países se parecen mucho. Obviamente tienen particularidades, pero el fondo del por qué yo lo hice fue porque no quise quedarme sólo como un mero testigo de cuando estaba documentando las manifestaciones en Guatemala. Además de que siempre he tenido la idea, creencia o convicción, de que el arte es una forma de expresar y de incidir o provocar cambios. Yo no considero al arte como algo puramente decorativo. Para mí el arte es otra forma de expresarse así como de incidir y hacer que la gente se ponga a pensar. Tengo la esperanza de que provoque cambios en la percepción de la gente, la forma en que ven las cosas, que tengan una mentalidad más amplia, que aliente nuevas ideas para alejar esos conservadurismos y estereotipos de exclusión que hemos manejado.

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El concepto del desnudo se podría creer que hoy en día está más aceptado y ya no es un tabú como lo fue tiempo atrás. ¿Está usted de acuerdo con esa idea o cree que aún hoy en día el cuerpo desnudo todavía es un tabú? 

Yo creo que sigue siendo un tabú. Creo que lamentablemente estamos retrocediendo. La culpa de esto creo que la tienen las religiones en general. Lamentablemente están tomando posturas muy radicales y retrógradas. Creo que la religión católica, tal vez por ser muy antigua, tiene ramas muy conservadoras, radicales y muy cerradas; así como ramas que ya están abiertas a una mentalidad un poco diferente. Tal vez ya tiene alguna madurez que permita que dentro de esa religión haya gente que piense un poco distinto, pero en general la religión católica es bastante conservadora. En nuestros países, e incluso en México que es un país más grande que Guatemala y El Salvador, siempre se va a buscar defender valores muy rígidos y formas de funcionar de la sociedad muy apegadas a ideas preconcebidas de cómo debe ser la familia, cómo debe ser la persona, cómo debe ser un hombre o con quién se debe casar un hombre, etc. Todo esto ha empeorado mucho con el advenimiento de todos estos nuevos grupos evangélicos que se toman los textos bíblicos de una forma muy fundamental. No se trata de porque sea cristiano o no, sea musulmanes o budistas. El problema es tomarse las cosas al pie de la letra, sin interpretarlas y sin entender la naturaleza humana. En ese sentido yo creo que lamentablemente a nuestras sociedades les está pasando lo mismo. Estamos retrocediendo. Justamente con este proyecto yo busco abrir mentalidades, hacer que la gente acepte ideas nuevas, se acepte a sí misma. Cuando uno se ve si es flaco, gordo, viejo, joven, guapo o feo, no importa. Todos somos personas. Debemos atrevernos a asumirnos y a mostrarnos como somos. Eso es más importante. Eso es lo que busco con este proyecto.    

¿Por qué cree que todavía sigue siendo difícil que las personas se acepten a sí mismas si estamos viviendo una época de inclusión social y corrección política?  

Creo que siempre estamos tratando de cumplir con estereotipos y modelos que nos presentan. Si quieres ser hombre debes ser así, quieres ser mujer bonita y exitosa debes ser así. Se tiene que vestir así o arreglar así. Quieres tener éxito con las personas del sexo opuesto, tienes que ir al gimnasio. Hay una serie de estereotipos impuestos desde la publicidad. Como que la sociedad de consumo y capitalismo nos imponen modelos económicos, sociales y psicológicos que no son los nuestros. Es muy difícil cumplir con esos estándares. Primero porque son diferentes, no tanto porque sean mejores o peores. Y porque nos hacen creer que si no cumplimos con eso estamos mal. De alguna manera nos lo imponen porque cada vez que nos quieren vender algo, ponen un modelo de persona. Si no somos así nos hacen sentir mal porque creemos que no somos la persona que deberíamos ser. En estos países tan atrasados no se promueve que las personas tengan un criterio propio ni una postura propia por no ser cómodo ni seguro para los que tienen el poder como lo son las empresas o los gobiernos. Para ellos es mejor que la gente no piense mucho ni tenga una posición clara para poder llevarlos y traerlos a donde quieran. 

Como fotógrafo artístico, ¿qué opinión tiene usted de este concepto de la “corrección política”? Recordemos que últimamente se han intentado censurar obras en los museos.   

Habría que definir bien qué es “corrección política”, pero yo creo que el arte debe ser libre siempre y cuando esté dentro de ciertos parámetros de respeto. No debe tener limitaciones. No creo en la censura. Por ejemplo: Facebook se ha vuelto tonto y cínico cuando viene y me quita una foto porque es un medio desnudo. Ayer yo cambié mi foto de perfil y puse una de cuando fui a una playa naturista en España. En ella estoy desnudo, pero no se me miran los genitales. La foto está muy abajo del ombligo, pero no muestra nada. Me la censuraron. Ya van tres veces que me cierran la página y no me dejan publicar durante un mes por presentar fotografías de desnudo artístico. Pero por otro lado no censuran otras cosas estúpidas, crueles, violentas o “políticamente peligrosas”. Estoy totalmente en contra de la censura, venga de donde venga, porque creo que el arte como la información y el periodismo debe ser libre. A mí me molesta que en ciertas notas periodísticas en las que, por ejemplo, hubo una explosión o aparece un menor de edad, se les borre el rostro. Uno sólo mira una nota con formas borrosas. Eso ya no es información. Para mi la verdad se debe mostrar tal cual es. Y por eso es importante que las personas tengan un criterio propio. Porque ahí lo que está pasando es que el medio está asumiendo un criterio en nombre de los observadores. Eso no se vale. El observador debería decidir qué hace con lo que le están mostrando. No creo que el medio deba filtrar o alterar las imágenes por esta llamada “corrección política”. Estamos corriendo el peligro de empezar a alterar la verdad. 

¿Qué tenemos que observar los espectadores de San Salvador se re(v)bela, más allá del retrato de cuerpos desnudos?            

Me llama la atención que se hable sólo del desnudo. Es la segunda vez que lo veo. Lo vi ayer en otra nota. Esta no es una exposición de fotografía de desnudos. Esta es una exposición de dípticos, es decir pareja de imágenes, donde se muestra a una persona en dos momentos o formas de representación. Una con ropa, que representa al personaje que ha construido esa persona y que la sociedad le ha adjudicado; y la otra es ver realmente el ser que está adentro de ese disfraz. Eso es lo que vemos. Cada obra está constituida por dos fotos con la descripción pasada. No es una exposición de desnudos. Considerarla como “desnudos” es un reflejo de lo conservadora que puede ser una sociedad por agarrar lo “peor” de la exposición y tratar de irse sólo por ese lado. Yo creo que lo importante aquí es el hecho de que las personas se atrevan a mostrarse y ponerse en una posición muy vulnerable, que para mi implica respeto, valor y una búsqueda de ideas distintas, de formas de pensar y hacer las cosas. No quedarse sólo pensando que es un desnudo. Para mi lo que la gente tiene que observar en esta exposición son las miradas de las personas. En la mirada es donde uno puede leer en realidad a la persona. A mí mi mamá me decía que los ojos son las ventanas del alma. Ahí es donde tiene que buscar. Obviamente vamos a ver toda la imagen, pero lo importante es la mirada. Ahí está toda la intensión y el cambio. En el retrato desnudo la gente está con una actitud más feliz, tranquila, relajada y segura de sí misma que cuando están vestidos. Pienso que es porque de alguna forma ya dejaron colgada con su ropa todos los convencionalismos, miedos y mentiras que le meten a uno en la cabeza, sobre todo la religión, de cómo debe uno de ser.      

* Daniel Hernández-Salazar (Guatemala, 1956) trabajó como reportero gráfico para las agencias internacionales Agence France Presse, Reuters y Associated Press. Actualmente se desempeña como fotógrafo independiente, centrando su interés en el cuerpo y la memoria histórica. Su trabajo ha sido presentado en más de 30 exposiciones individuales y más de 40 colectivas en Norte, Centro y Sur América, Europa, Japón y Corea. Fue nombrado Caballero en 2005 y ascendido al grado de Oficial en septiembre de 2017 de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia. 

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