Benjamín Silva: “El horror es un excelente punto de partida”

A finales del 2017, “Café irlandés” tuvo la oportunidad de conversar con Benjamín Silva (San Salvador, 1994), autor que el año 2016 ganó los Juegos Florales de Morazán, en la categoría cuento, con la obra Fuego oscuro (DPI, 2017). Presentamos a continuación un fragmento de la entrevista.

Maridaje recomendado…

¿Café o whisky? ¿Qué maridaje recomiendas para hablar de literatura? 

Café. Pero es una respuesta casi obligada porque ninguna de las dos bebidas son una pasión para mí. Prefiero el café porque no me gusta el alcohol.

¿Con qué frecuencia te reúnes con personas con intereses en escritura para hablar de literatura? 

En la universidad había un círculo literario. En él había muchos compañeros escribiendo. Nos reuníamos para leer nuestros poemas o pequeñas historias. Así conocí a varias personas que actualmente escriben. Tenemos el ejemplo de Ricardo Corea, entre otros compañeros. Todos los humanos somos distintos y al final la literatura es como una herramienta que toma múltiples formas dependiendo del humano que la use. También dependiendo de su vida y su contexto. En el caso de mis amigos, sus obras son muy distintas a lo que yo hago, pero están impregnadas con un toque especial de sus vidas y de lo que ellos piensan.

¿Cual es la mayor preocupación o inquietud que tienen dentro de la literatura salvadoreña contemporánea? 

Creo que nuestro principal punto de atención en la literatura es la enorme diferencia que hay entre los grandes escritores y nosotros, que apenas estamos comenzando a escribir. La mayor parte del tiempo nos damos cuenta que lo que nosotros hacemos es una burla en comparación a las grandes obras que ya están. A tal grado que adoptamos el estilo de Borges quien decía que él mejor presumía los libros que había leído y no los que escribía. Nosotros estamos así y con mayor razón, porque la diferencia entre Borges y nosotros es que Borges sí escribía bien. Ese es un tema recurrente para nosotros. Lo que también revela esa pregunta es que no hay mucho apoyo para los que recién empiezan. Prácticamente estamos solos y aquí no hay nadie que al parecer quiera que nosotros avancemos y que luego se pueda sentir orgulloso, así como sucedió hace tiempo en nuestro mismo país. Para la época de Gavidia y Rubén Darío, ellos eran personas que por el simple hecho de ser escritores e intelectuales, por decirlo de algún modo, tenían un nivel en la sociedad. Eran como las moneditas de oro para muchos aquí en El Salvador y Centroamérica. A tal grado que ellos, con el apoyo que recibieron, lograron hacer grandes cambios cuando apenas eran unos jóvenes. Pero ahora, aquí, solo tenemos a la literatura como un hobby. Recientemente salió un artículo que se publicó en la DPI en el que una de las últimas ganadoras de los Juegos Florales tuvo que aclarar que la literatura nunca es un hobby.

Hablemos de “Fuego oscuro”, relato con el que ganaste el año pasado los XXII Juegos Florales de Morazán. En otra entrevista comentaste que la obra habla sobre el conocimiento, la información y lo peligrosa que puede llegar a ser para las personas. Tu, como estudiante de periodismo, que estudias y trabajas con la información, ¿por qué la consideras peligrosa? 

Información es una palabra bastante amplia. El periodista trabaja con información de actualidad. El escritor puede trabajar con esa misma información o con información de otra índole como la que está dentro del campo de la espiritualidad o del existencialismo, entre otros campos. Sólo de los viajes astrales, uno de los temas de los que hablo en el libro, hay mucho que leer. Yo habré leído sólo un 10%. La información a la que me refiero en Fuego oscuro no es la misma con la que trabaja el periodismo. Se refiere, más bien, a todos esos conocimientos que son prohibidos. Y por los que, en el caso del personaje de Tal Wilkenfeld, quien en la historia busca a su madre a través de un viaje astral, termina teniendo comunicación con un demonio. Esa capacidad que ella tenía para hacer esos viajes astrales y comunicarse con otro ser, ese conocimiento que ella adquirió, fue lo que la llevó a su perdición.

Actualmente vivimos una época de sobre información gracias al internet. En la obra tu comparas al subconsciente con un disco duro; mientras que la brecha exploratoria del subconsciente, con el internet. ¿Qué tan peligroso consideras el fácil acceso a la información? 

Es nocivo. En nuestro país, por ejemplo, todos los días podemos ver muertos en los noticieros. Eso nos está insensibilizando. Ya a nadie le importa ver una aldea atacada, porque ya pasó a ser algo normal para nosotros. En el pasado esto no era así. Era más difícil darse cuenta de estas tragedias. Ahora, mientras se ve una noticia, uno puede estar riéndose de un meme o un video de Facebook. Todo esto nos está convirtiendo en seres menos sensibles.

Fuego oscuro es del género horror-terror. ¿Será este un género literario que seguirás trabajando dentro de tu literatura? 

Definitivamente. El miedo es de los sentimientos más intensos, tal como en algún momento lo dijo Lovecraft. El miedo me parece un excelente motor para una historia. Muchas de la historias que más nos provocan escalofríos han sido de aquellos momentos que en verdad nos han marcado. Y esas historias, desde que somos niños y le tememos a algo, dan paso a la invención. Los miedos nos marcan desde la niñez.

¿Qué otro género te gustaría trabajar? 

El horror, cuando avanza de nivel, se convierte en ciencia ficción o fantasía. Cuando se avanza el nivel del terror se convierte en algo superado. Entra dentro de una fascinación por lo desconocido. Ya no un temor. Los temores son algo instintivo que te aleja de las cosas que podrían hacerte daño. En cambio la fascinación nos acerca a ellas para tratar de comprenderlas. Si estás fascinado, por ejemplo, con los espíritus, terminarás acercándote a ellos sin temor, sino con un deseo de investigación. Actualmente trabajo en una segunda parte de Fuego oscuro. Aquí ya no hay horror. O al menos yo no lo considero horror. Es una historia que está más ligada a la fantasía y a la ciencia ficción. No me voy a cerrar en un sólo género, pero reconozco que el horror es un excelente punto de partida.

El horror y el terror, a la largo de la historia de la literatura, ha sido un género que retrata el lado más oscuro de un individuo, sociedad o la humanidad en general. En tu caso, ¿qué temas estás interesado en tratar con este género?

Siempre me da problema esa pregunta porque no puedo exponer esos temas. Comenzando porque soy cristiano. Desde esa premisa yo no debería estar escribiendo horror. En las iglesias, al menos en las más radicales, los pastores te dicen que no hay que ver películas de terror porque eso le abre las puertas al demonio. Por eso es que los temas que quiero tratar todavía no los puedo abarcar libremente. Eso me ha llevado a preguntarme por qué mi fascinación por el horror. Para comenzar, mi papá es pastor. Él conoce de teología. Entonces, cuando sos hijo de un pastor que sabe mucho de la Biblia y te inculca desde pequeño a leerla, te entra una curiosidad por estudiar tu propia religión y otras más para poner en duda la tuya. Así respondés tus propias dudas y a la vez te obligás a estudiar más. Es un proceso que nunca se detiene. Dentro de ese proceso he encontrado temas como la imagen que se tiene del Dios de la Biblia y la imagen que hay en este siglo de él. Hoy es una imagen más retratada. Lo encontramos hasta en simples memes. Memes en los que toda la historia de la Biblia es puesta en duda y vista de manera absurda. Se cuestiona qué clase de dios es él para hacer todo lo que hace. Ese tipo de temas son los que me llaman la atención trabajar, pero todavía me falta pensar más al respecto para  poder hacerlo dentro del horror.

¿Crees que en algún momento, esta auto-censura, podrás superarla? 

Sí. Ahorita tengo los elemento pero no puedo escribir porque todavía no estoy seguro de ellos. Sé que están ahí, dando vueltas y adaptándose a nuevos elementos. Se están madurando. Espero que un día esa maduración llegue a estos temas de los que quiero hablar y todavía no me atrevo.

¿Cómo crees que recibirá un país tan religioso como El Salvador a la literatura de horror? 

Por la experiencia que he tenido hasta el momento, sólo la reciben aquellas personas que tienen un gusto por el género. Otras personas, que incluso son cercanas a mí y que escucharon que escribí un libro, al principio me piden que les pase la obra, pero cuando les advierto que es horror me dicen que ya no les interesa porque no les gusta el género. Como ya dije, en las iglesias le dicen a uno que eso le abre puertas al diablo. Existe un rechazo por parte de unos sectores de la sociedad. Pero como cuando uno escribe debe hacerlo aunque sea para unos pocos lectores, pues siempre hay alguien que disfrutará la historia. No hay que preocuparse porque a todos les guste. Al final, lo que importa, es que vos mismo te sintás satisfecho con tu obra.

 

Café irlandés los invita a leer el cuento inédito “Supervivencia de las plagas” por Benjamín Silva, como una muestra de su narrativa.

Fuego oscuro por Benjamín Silva se encuentra a la venta en la tienda de la Dirección de Publicaciones e Imperiosos (DPI), ubicada en el Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán y demás sucursales.

 

 

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