La Cayetana Revisited

17 años después de su primera edición, “Memorias del año de la Cayetana”, mejor conocida como A-B-Sudario, es reeditada por las editoriales independientes Catafixia (Guatemala) y Los Sin Pisto (El Salvador). Presentamos el prólogo de esta novela ganadora del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2003. 

Maridaje recomendado: Tequila (porque las margaritas no son para las Cayetanas)

Por: Jacinta Escudos*

El libro que tiene entre sus manos ganó a inicios del 2003 el Primer Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo”. En aquel momento recibí cuatro ofrecimientos diferentes para publicar la novela, ya que el premio no incluía la edición. Decidí publicarla con Alfaguara Guatemala.

La editorial insistió mucho en cambiar el título original, Memorias del año de la Cayetana. No me gustaba la idea, pero acepté escuchar propuestas. Me hicieron algunas, ninguna de las cuales me hizo clíck. Busqué entre mis títulos de trabajo y después de pensar y discutir mucho, pudimos coincidir en A-B-Sudario, que fue el título con el cual terminó siendo publicada.

La edición se agotó hace años. Siempre tuve la intención de reeditarla, pero la pérdida de una computadora y los cambios tecnológicos que impidieron leer los disquetes de 3.5 donde estaba su respaldo, me hicieron perder el archivo electrónico de la versión final. Lo único que pude recuperar fueron los archivos en Word, pero sin nada del formateo y demás aspectos visuales que contiene la novela. Volver a publicarla significaba tomarse el tiempo de modificar esos archivos, de acuerdo a la primera edición impresa.

 

Hace poco más de un año, mi querido amigo, escritor y ahora editor, Mauricio Orellana Suárez, se lanzó a la aventura de montar una editorial pequeña, independiente, haciendo libros a mano. Más de alguna vez hablamos sobre la posible reedición de esta novela, pero a pesar de mi buena intención de ponerme a trabajar los archivos, múltiples problemas y obligaciones me lo impidieron.

Este 2019, los amigos de la editorial independiente Catafixia, de Guatemala, se comunicaron conmigo para proponerme reeditar esta misma novela para que circulara allá. Al explicar el asunto de los archivos, accedieron a trabajarlos. Esto terminó de impulsar y decidir a Mauricio para hacer la edición salvadoreña y pasar por el penoso asunto de reformatear todo el texto.

Por medio de Catafixia, conocimos el trabajo gráfico del guatemalteco Álvaro Sánchez, a quién le fue encomendado el diseño de la portada y contraportada del libro. Su trabajo me encantó tanto que no dudamos en solicitarle diseñara también la portada para la edición salvadoreña.

Toda mi gratitud, pues, a Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado de Catafixia; a Álvaro Sánchez y a Mauricio Orellana Suárez por el amor y el entusiasmo con que trabajaron en las respectivas ediciones, y por insuflarle nueva vida a uno de mis libros más queridos, con el plus de que ahora sale con su título original.

 

Memorias del año de la Cayetana fue para mí un gran laboratorio creativo y una poderosa escuela de lenguaje y estructuración narrativa. Tardé siete años en escribirlo y armarlo para obtener una versión que me pareciera comprensible para ser leída por los demás. No fue escrito en orden, porque los textos que lo conforman no pretendían más que ser ejercicios cotidianos de escritura. Con la recurrencia de algunos temas y personajes, comprendí que en ese lodo de palabras de la versión original (que tenía casi 400 páginas) había una historia.

El tiempo de redacción fue rápido. Pero el proceso de armado de las partes, de comprender su lógica, fue lo que tardó más tiempo. Era una especie de rompecabezas infinito, donde cada pieza daba otro resultado y llevaba a otra versión de la historia.

Cuando por fin lo di por concluido, lo guardé y no se lo enseñé a nadie durante un par de años, convencida de que era un libro tan raro e inusual que nadie podría comprenderlo o encontrar alguna lógica o valor literario en él. Ni me imaginaba que podría ser publicado.

Un día del 2002, conversando con Mauricio, a quien suelo compartirle mis primeros originales, me atreví y se lo permití leer. Fue él quien sugirió lo mandara al concurso Monteforte.

Dieciséis años después, aquí estamos.

 

Nunca me gusta volver a leer mis libros una vez que han sido publicados. No lo hago ni siquiera para pasar por el masoquismo de detectar las erratas. Después del trabajo de edición y corrección de pruebas es como si el libro, ese engendro nuestro tan prístino e íntimo, sale a la vida a ser manoseado. Es raro, difícil de explicar, pero para mí, es como si mis libros murieran.

En esta ocasión, no tuve más remedio que releer la maquetación del libro completo para verificar que estuviera fiel al original, pero también para corregir algunas erratas que se fueron en la primera edición. No fue un proceso fácil. Lloré mucho. Reí, canté y bailé también.

Me alegra que la Cayetana todavía hable conmigo, me golpee en la boca del estómago y me diga cosas desde el éxtasis de la melancolía, así como espero que también pueda hacerlo con quien tenga la generosidad de leer estas páginas.

 

Jacinta Escudos

Antiguo Cuscatlán,

Septiembre 2019

*Jacinta Escudos: Escritora. Nueve libros publicados, entre novela, crónica y cuentos. Ganadora del Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” por A-B-Sudario (2003).

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