Literatura salvadoreña: un ambiente desolador

Maridaje recomendado: Café 

Por: Luis Contreras*

¿Cómo empezó su gusto por la literatura?

Empecé a escribir de pequeña, desde los 11 años. No recuerdo exactamente por qué. Tal vez era el ambiente, que era muy opresivo, aislado, apartado. Vivía en los Planes de Renderos. Para entonces ahí era el puro monte. No había vecinos, no había gente. Éramos una familia muy pequeña, no socializábamos mucho, no tenía hermanos menores ni mayores. Entonces cada día era de preguntarme qué haré. En ese tiempo, mi papá y mi tío me regalaban libros, aunque no supiera leer. Y aunque sea los hojeaba. Si los libros tenían ilustraciones lo que hacía era imaginarme la historia. Cada vez que abría de nuevo el libro eran historias diferentes. Lo gracioso fue que cuando ya aprendí a leer y leí las historias verdaderas, me gustaron más las mías. Poco tiempo después supongo que decidí que yo también podía hacer lo mismo, escribir historias. No se las enseñaba a nadie, eran sólo para mí. Y empezó el ejercicio de querer hacerlo, así como de leer más y de rescatar la idea de poder ser escritora.

¿Tuvo algún libro en específico que la haya motivado a ser escritora?

De pequeña leí una novela que después la hicieron serial animada: Heidi. La novela es de una escritora suiza. Con ese libro me dije a mí misma que eso era lo que quería hacer cuando fuera grande. Tal vez fue porque me sentí muy identificada con una serie de circunstancias que se desarrollan en la historia. Entonces, me gustó ese asunto de la identificación. Pensé que sería chivo escribir y que otra gente leyera lo que escribías y que se sintiera identificada.

¿Qué dificultades tuvo al momento de querer concretar una primera publicación?

Mi caso es un poco raro porque yo salí del país a los 18 años y unos dos o tres años después me fui a vivir a Nicaragua. Lo cual me convertía en una escritora extranjera. Yo no estaba pensando publicar en Nicaragua porque también había dificultades para escritores nuevos de esa nación, así que no pensaba que me fueran a dar chance a mí por ser extranjera. Pero por casualidad conocí a Claribel Alegría, que vivía en Managua. Su casa fue siempre como un punto de encuentro de artistas de todo tipo: pintores, escritores, etcétera. Cuando ella se enteró de que yo escribía me dijo que le pasara cosas que yo había escrito. Le enseñé una novela que tenía lista y a ella le gustó tanto que me puso en contacto con la UCA, acá en El Salvador, para poder publicarla. La novela era Apuntes de una historia de amor que no fue. Yo sí escribía, pero para entonces no me había planteado realmente lo de publicar y todo lo que esto conlleva. Si creo que fue en el 87. Era otro ambiente. Ser escritor no era estar tan en vitrina como ahora. Es decir, sacabas el libro y ya estuvo, no tenías que andar presentándolo, haciendo firmas, dando entrevistas, etcétera.

¿Qué vino después de esa primera publicación con la UCA?

Publiqué dos libros con la UCA. Luego de ese (Apuntes de una historia de amor que no fue) publiqué uno de cuentos titulado Contra-corriente. Después me vine a publicar con la DPI (Dirección de Publicaciones e Impresos). Creo que pude acceder a esa última publicación por el mismo grupo de amistades que fui haciendo a través de Claribel Alegría. Conocí a Miguel Huezo-Mixco, que para entonces era el director de la DPI. Él me preguntó si podíamos publicar algo mío y le di Cuentos sucios El Desencanto. Después creo que vino Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras, pero esa la publiqué con una editorial guatemalteca. Luego me gané el Premio de Novela Mario Monteforte Toledo, por el que me contactó Alfaguara, y publiqué A-B-Sudario con ellos. Allí dejé el circuito nacional.

¿Alguna vez participó en algún certamen nacional o extranjero?

Sí, en los Juegos Florales nacionales de Ahuachapán de 2002 o 2003, poco antes de ganarme el Monteforte. Participé y gané en “cuento” con Crónicas para sentimentales. Aquí nunca fue publicada, aunque me dijeron que lo harían.

¿Qué piensa acerca de que desde hace dos años los Juegos Florales no estén convocando para el género de novela corta? ¿A qué se debe que cada vez pidan formatos más cortos para cada género?

Ese es un rollo bastante complicado. Hay varias cosas: primero tenemos el problema de que los Juegos Florales sean los únicos concursos literarios que hay en este país que han tenido una continuidad. Ha habido otros concursos literarios los cuales ocurrieron una ocasión o dos, y luego desaparecieron por algún motivo extraño. Por decirte algo: la UCA hace mucho tiempo tuvo un premio de novela que ganó Horacio Castellanos Moya con La diáspora, no sé en qué año fue. Después de un par de convocatorias, el premio murió. Alfaguara también estaba empezando a extender operaciones acá en El Salvador el año siguiente a cuando gané el Monteforte Toledo, en 2004, e hizo una convocatoria para un premio salvadoreño de novela, del cual sólo hubo una edición. Ganó David Hernández. Ha habido intentos de hacer este tipo de concursos, pero sólo salen una vez o dos. La Matías (Universidad Dr. José Matías Delgado) tiene uno este año, pero no sabemos si habrá continuidad todavía. Pero el asunto es ese: surge un concurso y no se le da la continuidad que se necesita. El Centro Cultural de España tuvo un concurso también que lo organizó Elena Salamanca, del cual supe que hubo como dos o tres emisiones. Ese creo que murió por falta de presupuesto, porque cortaron un poco desde España los fondos a los Centros Culturales.

Entonces, no queda claro por qué estos concursos sólo tienen una o dos emisiones. No hay continuidad. Eso hace que los Florales sean el único premio literario en este país, y desafortunadamente no es ni el mejor organizado ni el mejor pagado. Es posible que, si te has fijado en todos los formatos, el máximo de páginas es cuarenta. Testimonio, ensayo, cuento, cuento infantil, teatro, teatro infantil, etcétera. El máximo es cuarenta y hace dos años quitan novela corta. Están sólo corte y corte. Creo que ese concurso no tiene una buena visión literaria; es decir, que tienen una traba y es que el concurso se hace por ley. Modificarlos significa tener que modificar la ley y nadie se quiere meter en ese rollo. Pero sí es una ley que está desfasada, desactualizada. El otro “problema” es que no le pagan a los jurados de estos concursos. Salió la premiación de esta versión de los Florales donde se dio a conocer que la persona había cometido plagio y todos se fueron en contra de los jurados. Yo he estado de jurado en premios en el extranjero, no de Florales, y a uno no le toca estar verificando si una obra es original o no. En algunos países tienen un programa, un software, que verifica la autenticidad del texto. Es decir, uno de jurado se supone que ha leído bastante, pero al momento de leer algo que está concursando no se pueden recordar todas las oraciones de todas las obras que se han leído para detectar un plagio en el mismo instante de revisión de la obra participante. Entonces este caso del joven que plagió es emblemático porque te da una visión concreta de lo fallido de este premio, de la poca preparación que se le da.

Aparte de los concursos o premios, ¿qué otras trabas o dificultades existen?

La falta de editoriales en este país. Prácticamente sólo está la DPI, aunque me he fijado que últimamente han optado por publicar más literatura infantil. De ahí hay dos o tres. Está Índole Editores y ahí murió. Las demás son editoriales pequeñas e independientes. Muchas de ellas dedicadas sólo a poesía. Cuesta mucho encontrar un lugar donde alguien que no es conocido pueda publicar. Alguien que no tenga, aunque sea, el respaldo de un premio ganado la tiene difícil.

Otro problema es la falta de revistas culturales. De revistas literarias. Está la Revista Cultura que no es eminentemente literaria. No hay productos donde vos podás consumir lo que se está produciendo ahorita, de saber quién es quién. No hay actualización de noticias literarias, no hay nada.

El tercer problema (que no involucra sólo a escritores jóvenes) es que en este país no hay una visión ni política literaria que, por ejemplo, cuando se muere un escritor su obra se rescate. No hay reediciones, no se salvan sus manuscritos, no se rescata la obra inédita, no se publica, etcétera. Por ejemplo, muere Ricardo Lindo y nadie ha estado rescatando su obra. Hasta en el olvido ha quedado. Ni siquiera la DPI ha hecho algo. Otro caso podría ser Rafael Menjívar Ochoa, que yo sí sé que dejó obra inédita, aunque no sé si esta está terminada o no. Y seguramente así pasará con los nombres que se escuchan ahora: Mauricio Orellana Suárez, Claudia Hernández, Miguel Huezo-Mixco, Jorge Galán,  etcétera.

¿Y cuando le toque a su persona?

Cuando me muera, mi obra quedará olvidada, así como pasa en este país. Es algo que tengo claro, bastante claro. No lo digo con gusto, pues, pero uno tiene que asumirlo. Porque digamos que si yo me pusiera a pensar que como no reeditarán mi obra entonces no importa ya nada y voy a dejar de escribir. Esa tampoco es la solución, pero es bastante decepcionante. Me parece que debe haber un cambio en las políticas nacionales que tratan la obra literaria hecha en el país. Y también, otro problema, es que no cambia el canon inamovible de leer a Claudia Lars, Salarrué, Roque Dalton, Francisco Gavidia, etcétera. No exponemos a nuestros estudiantes a nuevos textos, a nuevas visiones y formatos actualizados de la literatura. El ambiente es desolador.

Entonces, para los nuevos escritores, ¿la solución más viable es buscar la publicación en otros rumbos, en otros países?

Para publicación quizás sí. O rebuscarte con tus amigos y montar una editorial. O ganarte un premio. O hacer autopublicación, aunque creo que no hay una estadística que te dé el número de personas que estén en esos procesos de autopublicarse.

¿Qué cree que debería hacerse desde el ámbito educativo?

Yo creo que debería haber una reforma de cómo se enseña la literatura. Yo creo que desde allí estamos mal. Lo que deberían hacer las instituciones escolares es formar lectores. Dentro de todos esos lectores que formés habrán dos o tres pelones que les guste demasiado (la literatura) y se metan a escribir. Porque llegás a la escritura por la lectura, no al revés. El sistema educativo debería formar lectores, enamorarlos de la lectura, hacer que comprendan el sentido lúdico de esta y, luego, mostrarles el espacio de libertad creativa que se forma en el ejercicio de la escritura, como lo son todas las artes al final, que son espacios de libertad, espacios de libertad individual o grupal (si se trata de cuestiones como la danza). Entonces, en todo esto es lo que fallamos al hablar de literatura.

____________

Jacinta Escudos es escritora salvadoreña. Ha publicado las novelas Apuntes de una historia de amor que no fue (UCA Editores, 1987), El desencanto (DPI, 2001), A-B-Sudario (Alfaguara, 2003) y El asesino melancólico (Alfaguara, 2015). También los libros de cuentos Contra-corriente (UCA Editores, 1993), Cuentos sucios (DPI, 1997), El Diablo sabe mi nombre (Uruk Editores, 2008) y Crónicas para sentimentales (F&G Editores, 2010). En el 2003 ganó el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo con la obra A-B-Sudario. Actualmente imparte talleres literarios. Su próximo taller iniciará en junio del 2018. Aquí la información:

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*LUIS CONTRERAS (SAN SALVADOR, 1995) ES ESTUDIANTE UNIVERSITARIO DE ÚLTIMO AÑO. VAGO, LECTOR Y NARRADOR.

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