Salas vacías (V)

REPORTAJE SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS ARTISTAS SALVADOREÑOS ANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19

En esta quinta entrega del reportaje “Salas vacías”, conversamos con el escritor y editor Mauricio Orellana Suárez sobre la situación literaria de El Salvador ante la actual pandemia del COVID-19. 

Por: Felipe A. García*

Los Sin Pisto es el proyecto editorial del escritor salvadoreño Mauricio Orellana Suárez, ganador del Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” en 2010. Un proyecto que surgió de la necesidad que los autores salvadoreños tienen por publicar y difundir sus obras a nivel nacional. 

La editorial es artesanal. Orellana Suárez elabora cada libro a mano, con materiales caseros, para luego entregar cada pedido personalmente en centros comerciales y cafeterías del país. Las ganancias de las ventas, menos el pago de derechos de autor, es reinvertido para la compra de materiales con los que pueda seguir fabricando los libros, así como seguir imprimiendo nuevos títulos. Dinámica que, ante la pandemia del COVID-19 y la cuarentena domiciliar en el país, actualmente se encuentra paralizada. 

“Como escritor nunca he tenido un ingreso que sea significativo y constante. En esta crisis he dejado de percibir ingresos por actividades en que me suelo auxiliar: traducciones, correcciones de algún texto, y también la otra parte que me genera ingresos un poco más fijos, que no tiene que ver con la escritura sino con el área alimentaria. En el área editorial, con Los Sin Pisto, pues es un proyecto que no ha sido concebido para generar dinero sino para difundir material literario, así que, fuera del autosostenimiento del proyecto, por lo general deja muy poco luego de reinvertirse en nuevos libros y cubrir derechos, incluso ese poco dejó de ingresar”, nos explicó el escritor y editor.

Aunque Orellana Suárez nos explica que la labor editorial no se ha detenido, ya que es un trabajo que puede hacerse desde casa, sí se ha reducido porque no es fácil concentrarse en medio de esta crisis mientras se trata de atender otras prioridades. La producción de libros artesanales está frenada por completo debido a la falta de insumos y dinero para adquirirlos. La única librería donde distribuían sus libros antes de la pandemia, tuvo que cerrar por la cuarentena, repercutiendo negativamente en el retorno de la inversión a la editorial.

Como es de esperar, la actual pandemia también vino a afectar diversos proyectos que la editorial tenía en puerta para este 2020. Uno de ellos, por ejemplo, es la publicación del nuevo libro de cuentos del escritor salvadoreño Salvador Canjura, el cual, nos explica Orellana, es incierto saber cuándo se reprogramará, pues deberán esperar hasta el retorno de la inversión hecha a otros títulos de la editorial para costear su impresión.

Orellana es muy claro al decir que no puede generalizar al explicar cómo afectará esta pandemia a los escritores y editoriales del país, pues esto variará de acuerdo a la situación y estructura de cada editorial, así como la capacidad de enfrentar la crisis por parte de cada autor. No solo se refiere a la parte económica, sino también a lo emocional y psicológico. Sin embargo, desde el punto de vista funcional, el escritor y editor opina que habrá muchos compromisos adquiridos que deberán buscar la manera de solventar una vez pasada la crisis, muchos replanteamientos en cuanto al funcionamiento de las cosas: canales de distribución, lugares de trabajo, opciones de financiamiento, medios de promoción e incluso una rediscusión de los formatos.

“Creo que lo que actualmente plantea una mayor preocupación es la incertidumbre, el estancamiento, la falta de políticas claras de asistencia a todo nivel, los compromisos adquiridos y la subsistencia a nivel personal y de emprendimientos”, explica el autor de libros como “Ciudad de Alado” y “Dron”.

Para Orellana Suárez, la actual pandemia añadirá más incertidumbre a la habitual. Pondrá, tanto a escritores como editores, en una situación aún más vulnerable de la que ya se encontraban. Los hará replantearse métodos, medios y manejo de recursos que probablemente frenen e incluso cancelen proyectos valiosos. A la vez, este replanteamiento, podrá hacerlos discernir entre lo que vale la pena seguir haciendo y lo que no. 

“No te puedo responder más que de manera personal. Como escritor y editor, a veces siento que es cada vez más difícil, y lo será cada día más luego de esta crisis, poder hacer ambas cosas a la vez. En algún momento creo que tendré que optar por una de las dos (la escritura o la edición), y si lo pienso demasiado, por ninguna”, sentenció el Premio Centroamericano de Novela.

Cuando se le preguntó al escritor qué propuestas le haría a las entidades culturales de nuestro país para que apoyen a los escritores y editores nacionales en esta crisis, Orellana Suárez respondió: 

“Los escritores y los artistas estamos muchas veces para incomodar, cuestionar y decir verdades, y eso nos hace a veces repulsivos para el sistema y para el poder, a tal grado que, si no es así, puede ser una medida de que lo estamos haciendo mal. Pero también somos personas creativas y propositivas, que obligan al poder a volverse abiertos y receptivos a la crítica. No hay nada de malo en ello, ni mucho menos es motivo para que se nos margine o acalle. No se bloquea ni se “desamiga” la disensión: se le escucha y se le incluye. Pero si te cierras y te llenas de puros aduladores o condescendientes acríticos porque es con quienes te sientes bien desde tu posición de autoridad que mira a los otros sobre el hombro, entonces pierdes el rumbo. Así que, aunque temo que esto caiga en oídos sordos debido a personalidades muy dadas a la exclusión, el verticalismo, el hermetismo, a la apariencia, al discurso bonito y a la propaganda hueca, sí se me ocurren algunos puntos que podrían contribuir a mermar esta crisis en ciernes para el sector específico por el que preguntas”.

ACCIONES CONCRETAS:

Abastecimiento de bibliotecas públicas

“El Estado, a través del Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura, puede perfectamente desarrollar un plan y una estrategia para nutrir las bibliotecas públicas y la red de las Casas de la Cultura, así como los planes educativos, y a la vez, contribuir con el sector editorial independiente. ¿Cómo? Con algo que se hace y se ha hecho en muchos países: mediante la adquisición (compra) sistemática de un número específico de ejemplares de libros de literatura nacional publicados por editoriales locales o autopublicados por los mismos escritores. De esta forma, ayudas y difundes”.

Divulgación de plataformas

“Algo tan sencillo como compartir los espacios que se usan para la venta y exposición de los libros de la DPI (la sala de venta del MUNA, por ejemplo) con algunos títulos salvadoreños de las editoriales independientes. ¿Quiénes pueden hacer la curación o selección de títulos y mediante qué criterios editoriales? Bueno, ahí tienes un grupo de personas que se ha dedicado por años a eso, los editores, con quienes puedes formar un consejo editorial o consultivo, pagado, por supuesto, porque se trata de generarles ingresos y difundir, no de explotarlos”.

Eventos incluyentes

“Pensar en desarrollar en el corto plazo eventos que nos incluyan: ferias itinerantes del libro literario salvadoreño (cubriendo todo el territorio nacional en el transcurso de varios meses, proporcionando transporte y viáticos a los representantes/vendedores de las editoriales o de los mismos escritores y sin intermediar con organizaciones obsoletas que por respeto no menciono); u obras de teatro y conciertos de las distintas sinfónicas, cuando ya el tiempo lo permita, en los que además se haga una expo-venta de libros salvadoreños de editoriales o escritores locales, auténticamente independientes (no libros usados, no libros didácticos, que ya tienen sus lugares de venta)”.

Redes de editoriales locales

“Plantearse la construcción de una red de editoriales locales (departamentales) que se encargue de descubrir, dar seguimiento y proporcionar las herramientas formativas, a talentos locales, y a través de una red de artesanos del libro canalizar la publicación de los primeros ejemplares. También promover concursos literarios nacionales para autores nuevos con primeras obras”.

Plataformas virtuales culturales

“Virtualmente también se puede hacer mucho desde plataformas culturales no cerradas, sino participativas, que expongan y difundan la producción local en las diferentes ramas del arte, plataformas que generen además contenido, diálogo, opinión diversa, o que incorporen a las que de manera independiente se vienen gestando desde hace unos años. Todo esto, sin voluntad, no puede hacerse, y esa voluntad debe demostrarse no solo con asistencialismos excepcionales y divorciados unos de otros, o discursos bonitos en los medios de vez en cuando y para decir que todo está bien y que será extraordinario, sino con acciones y políticas concretas y permanentes, que es lo que, al menos hasta la fecha, no vemos por ningún lado”.

Líneas de crédito destinadas a los emprendimientos culturales

“Necesitamos estructura para construir nosotros. El asunto es sentirnos acompañados con nuestras iniciativas, no marginados a causa de ellas y del monolítico desinterés de lo oficial por lo que no nace de sus iniciativas y de lo que no se puede sacar rédito político o de imagen. La obligación acá es administrar y dar estructura, acreditar y dignificar los oficios”. 

***

Mauricio Orellana Suárez opina que existen muchos otros espacios para el liderazgo del Ministerio (de Cultura) que no necesariamente pasan por la inversión de grandes recursos económicos, sino también por la inclusión y difusión de la actividad cultural. Para el escritor, los actos simbólicos también son importantes. Para él no es buena señal cuando, por ejemplo, la actual Ministra de Cultura, Suecy Callejas, se excusa en el único acto de premiación anual de la literatura nacional. Todo lo contrario, lo considera un acto simbólico de “desdén y menosprecio”. Así también, desaprueba el bloqueo a reconocidos intelectuales en redes sociales por críticas y cuestionamientos a una gestión.

“Tampoco es buena señal no hablar clara y honestamente de las problemáticas que se atraviesan en el área, ni de los cambios que se pretenden hacer, al menos para desvirtuar, pero principalmente para transparentar una gestión (uso de orquestas nacionales para fiestas de empresas, Tacuscalco, despidos injustificados, discriminación etaria, falta de convocatoria a florales, nula conmemoración de acuerdos importantes para la nación y para nuestra memoria histórica, etcétera); dejar de no informar y dejar de ser herméticos ayudaría mucho para dinamizar y establecer los lazos de confianza que debe haber entre el Ministerio y los sectores artísticos y culturales”, agregó Orellana.

Finalmente, el escritor y editor habló del presupuesto anual dedicado a la cultura:

“Un presupuesto anual digno para el área de cultura es otro de los grandes ausentes en la ecuación, porque denota el grado de prioridad e interés que se atribuye al área de cultura, que es un área de prevención, es cierto, pero también de expansión de la humanidad en nuestra población, y si aparte de la salud y la educación, eso no es prioritario y complementario para el bienestar general, entonces no sé qué lo es. Es como si no se le apostara al alma de las cosas, a lo que nos hace movernos y ser humanos”, concluyó.

Salas vacías (IV): Fernando Rodríguez (Actor y comediante)

Salas vacías (VI): Brenda Vanegas (Cineasta)

*Felipe A. García (San Salvador, 1991) ha publicado las novelas “Hard Rock” y “Diario mortuorio” con la Editorial Los Sin Pisto (2018). Es comediante de Stand Up en el grupo Comedia ES.

 

 

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