Etiqueta: Narrativa salvadoreña

Quasi una fantasía

Maridaje recomendado: Cerveza alemana

Por: Flor Aragón*

Detrás de la jarra de cerveza no se parece en nada al personaje mítico de las historias en los libros, internet y las películas de Hollywood. Una sonrisa se le dibuja después de cada sorbo que hace despacio, calculado, premeditado. Seguir leyendo «Quasi una fantasía»

Un paseo cotidiano

Maridaje recomendado: Escocés con fluoxetina

Por: Mauricio Orellana Suárez* 

Presentamos el cuento «Un paseo cotidiano» del escritor salvadoreño Mauricio Orellana Suárez, Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2011. Este relato está incluido en el libro «Sonrisa artificial», editado en 2019 por el Proyecto Editorial La Chifurnia. Seguir leyendo «Un paseo cotidiano»

El silabario

Maridaje recomendado: Vaca negra (helado de vainilla con Coca-Cola)

Por: Salvador Canjura*

 

El pasillo del hospital estaba atiborrado de personas. Médicos y enfermeras iban de arriba a abajo sin prestar atención a los enfermos que yacían en camillas junto a las paredes. Yuri Valentínovich Knórozov comprendió que estaba muy enfermo, ya que acababa de ver a su lado a un hombre que había muerto veinte años atrás. Seguir leyendo «El silabario»

Un estudio sobre Menéndez Leal (I): La resignación ante lo inevitable

El contenido de este artículo está basado en los resultados de la investigación «La obra narrativa y dramatúrgica de Álvaro Menéndez Leal como comunicación alternativa desde 1960 hasta 1969″. Agradecemos a los autores por compartir sus hallazgos en Revista Café irlandés.  Seguir leyendo «Un estudio sobre Menéndez Leal (I): La resignación ante lo inevitable»

La divina providencia

Maridaje recomendado: Suero oral de farmacia

Por: Pedro Romero Irula*

«Let me be no nearer
in death’s dream kingdom»
T S Eliot

En un motel de Post-Sívar, el agente Uñas repasaba los detalles de su identidad falsa cuando escuchó el chillido de un halcón. Con un manotazo torpe, como de garrobo, Uñas arrojó los documentos. Los estudiaba desde meses atrás, cuando le comunicaron su misión en la ahora lejana Sensembra. No era tan distinta al anillo urbano de Post-Sívar, o a las afueras de la ciudad: barrancos y llanos repletos de edificaciones de lámina por donde se mueven sombras imprecisas. Sacó de su mochila una nueve milímetros (también llamada, según requieran las circunstancias, fierro o cuete). Seguir leyendo «La divina providencia»